1 Tesalonicenses 4:13

PROGRAMA No. 0865
1 TESALONICENSES
Capítulo 4:13
En el día de hoy, amigo oyente, vamos a considerar lo que nos dice el versículo 13, de este capítulo 4, de la Primera Epístola a los Tesalonicenses que estamos estudiando. Allí leemos:
13Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tes. 4:13)
Ahora, este es un pasaje muy destacado de las Escrituras con el cual comenzamos nuestro estudio hoy, y vamos a dedicar bastante tiempo a lo que aquí se dice. Este pasaje, comenzando con el versículo 13 y hasta el versículo 18, ha sido llamado uno de los más importantes pasajes proféticos de las Escrituras. Enseña la inminente venida de Cristo. Ahora, eso no quiere decir que sea inmediata; y hablando francamente, tampoco quiere decir: “La pronta venida de Cristo”. Hay muchas personas que usan esa expresión; pero Pablo nunca la usó así, porque si él hubiera dicho: “La pronta venida de Cristo”, muchas personas hubieran tomado esto como que Él vendría durante la vida de ellos, o inmediatamente después. Pero, ya han pasado más de dos mil años. Ahora, la Palabra indica la inminente venida; y como dijimos ya, no indica la pronta venida. Indica la venida que se acerca, y quiere decir que es el próximo evento en la agenda de Dios.
Quizá usted, amigo oyente, haya tenido la oportunidad de hacer un largo viaje en un tren expreso, por ejemplo. El tren expreso, es uno de esos trenes que no se detiene en todas las estaciones del ferrocarril. Cuando uno parte, por lo general el conductor o el guarda del tren informa a los pasajeros que la próxima parada del tren, será en la ciudad tal y cual. Lo mismo ocurre con un viaje en avión. Cuando uno parte, el piloto del avión informa a los pasajeros cuál es el nombre de la próxima ciudad en la cual descenderá el avión próximamente. Ahora, con esto, él indica que se trata de algo inminente, que la próxima parada es inminente. Es decir, que el avión o el tren, no se va a detener en ninguna otra parte. Por supuesto que algo puede ocurrir con el mecanismo, y entonces tendrá que hacer un cambio en eso; pero por lo general se llega al lugar de destino en el tiempo previamente estipulado. Pero, mientras dura todo el viaje, la llegada es algo inminente. Ahora, eso no quiere decir que los pasajeros se tienen que poner de pie, tomar sus maletas y estar listos para salir. No, amigo oyente. Hay que esperar cierto período de tiempo hasta que el vehículo que lo transporta, llegue a ese lugar. Lo importante es que uno tiene que estar preparado eventualmente porque la llegada es inminente; y eso era lo próximo que ocurriría al finalizar el viaje.
Ahora, la diferencia que existe entre un viaje de esa naturaleza y la venida de Cristo por Su Iglesia, es que Su venida no está estipulada para cumplirse dentro de unas cinco horas de distancia. En realidad, nosotros no sabemos cuánto va a demorar. Podría ser cinco días, como puede ser tal vez cinco semanas; también podría ser cinco meses o podría ser cinco años; o aún quinientos años o aun quientos años. Puede que esté muy lejos, pero es algo inminente. Es decir, que ese es el próximo evento; y esa es la enseñanza que el Apóstol Pablo enseña aquí claramente. Él dice en el versículo 15, del capítulo 4 de la Primera epístola a los Tesalonicenses:
15Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, (1 Tes. 4:15a)
Ahora, Pablo creía que el Señor Jesucristo podría venir durante su vida, pero él no dijo o no creía que Él llegaría a venir en su día; él simplemente dijo que podría venir, pero él no insistió en que llegaría a venir. Podemos decir que la actitud del Apóstol Pablo se mantuvo así: aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. (Tito 2:13)
Usted recuerda que cuando comenzamos nuestro estudio, dijimos que esta primera epístola a los Tesalonicenses, fue la primera carta que el Apóstol Pablo escribió en su segundo viaje misionero. Cuando Pablo escribió la carta a los Filipenses, él ya era un anciano. Él estaba en la prisión en Roma. ¿Ha cambiado él entonces su teología? Hay algunos que dicen que sí, que lo hizo. Pues, bien, escuchemos lo que dice allá en su epístola a los Filipenses capítulo 3, versículo 20; escuche usted: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Pablo, al final de su vida estaba todavía esperándole. Es decir, que Su venida era inminente.
Ahora, Pablo llamó a esto la venida de Cristo por Su Iglesia, cuando nosotros seremos arrebatados para encontrarnos con el Señor en las nubes, y él llamó a esto – el Rapto de la Iglesia. Hay personas hoy, que tienen un punto de vista diferente a este asunto. Esta gente dice que la Biblia no enseña el Rapto y que uno no encuentra esa palabra en el Nuevo Testamento. Insistimos en que sí se menciona, y se encuentra en este pasaje de las Escrituras, en el versículo 17, de esta Primera epístola a los Tesalonicenses, capítulo 4; escuche usted:
17Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. (1 Tes. 4:17)
Ahora, en este versículo tenemos la palabra arrebatados, y eso es algo muy interesante. La palabra griega utilizada aquí es harpadzo, y quiere decir arrebatado, como se traducía aquí; esta es una traducción muy buena. También quiere decir “tomar”, así como también “quitar”; y aún más, ya que puede indicar “levantar”. Y así mismo, también quiere decir “transportar”; y el significado para esta palabra es “raptar”; y el raptar es una palabra tan buena, como la que tenemos aquí de: “arrebatar”.
Ahora, si a usted no le gusta esta palabra que se utiliza aquí “rapto”; entonces todo lo que podemos decir es que lo que usted quiere hacer es argumentar un problema de semántica, es decir, la palabra que usted tiene que usar. Pablo enseñó el “Rapto de la Iglesia”. Si a usted no le gusta esto, entonces puede usar la palabra original. Usted puede decir que cree en harpadzo porque esta es la palabra griega que se ha utilizado, y quiere decir arrebatar, y también quiere decir “raptar”, y puede ser cualquiera de las dos. Y aquí nosotros, amigo oyente, no estamos interesados en argumentar en cuanto a este problema de semántica con los hermanos que piensan así. Aquí estamos hablando ahora, de la escatología; acerca del Rapto de la Iglesia que puede tener lugar en cualquier momento, y que este es el próximo suceso en el programa de Dios.
Permítanos ahora hacer una declaración que puede ser sorprendente en cuanto a este pasaje de las Sagradas Escrituras. En general, la primera consideración aquí no es el Rapto. La pregunta exacta es: ¿Qué podemos decir acerca de los creyentes que murieron antes del Rapto? Es necesario que comprendamos y entendamos bien los antecedentes aquí, y queremos revisar un poco y mencionar esto nuevamente, porque puede haber personas escuchando hoy, que no nos han escuchado cuando explicamos esto anteriormente.
Pablo fue a Tesalónica en su segundo viaje misionero; él estuvo allí por tres días de reposo y discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras. Eso es lo que el Dr. Lucas nos dice allá en los Hechos de los Apóstoles, capítulo 17, versículo 2. Esto indica que él estuvo allí menos de un mes. Pablo llegó a esa ciudad y en el transcurso de un mes (debemos darle a él ese tiempo) él realizó una tarea de Hércules. Para comenzar, él realizó la obra misionera; él predicó el evangelio, hubo convertidos, y estableció una Iglesia. Él era organizado. Y luego, él enseñó a estos nuevos creyentes, grandes verdades de la fe cristiana. Y lo interesante de notar es que él enseñó en cuanto al arrebatamiento de la Iglesia.
Cuando yo era más joven, no se decía mucho en cuanto a la profecía; y hablando honradamente, creo que los predicadores de aquel entonces no sabían mucho en cuanto a este punto, y ellos presentaban como excusa que: “Uno no debía predicar en cuanto a esto; esta es una verdad muy profunda y debe darse solamente a los santos ya maduros; eso no debe presentarse a los creyentes nuevos”. Es una lástima pues, que Pablo no supiera esto, porque él no había estado ni siquiera un mes en Tesalónica, y ya él les estaba enseñando en cuanto a la profecía. Más aún, cuando lleguemos a ver lo que dice la Segunda Epístola, vamos a ver allí que él habló con ellos en cuanto a la Gran Tribulación. Él les habló acerca del hombre de pecado, el anticristo que vendría. Amigo oyente, el Apóstol Pablo cubrió toda la gama de profecías para los creyentes de Tesalónica, y es una insensatez el decir que esto no debe presentarse a los creyentes nuevos. Se debe presentar a ellos, y Pablo nos está demostrando eso aquí. Pablo les enseñó en cuanto al arrebatamiento de la Iglesia; él les enseñó, digamos de paso, que puede ocurrir en cualquier momento, de que era algo inminente.
Y luego Pablo partió de Tesalónica; él se fue a Berea. Decimos que él se fue, cuando en realidad él fue expulsado de la ciudad. Pero, él se dirigió a Berea y dijo que los judíos en ese lugar eran más nobles que los que estaban en Tesalónica. Él estableció allí una Iglesia, y no sabemos cuánto tiempo se detuvo en ese lugar. Luego, él se embarcó y se dirigió a Atenas. Él no viajó en un avión a reacción, como lo hacemos hoy en día. Los barcos de entonces eran veleros; ellos no viajaban muy rápido en aquellos días. Pablo llegó pues, a Atenas y allí pasó también algún tiempo. No sabemos en realidad cuánto tiempo. El Dr. Lucas no nos indica ese punto. Luego, él estaba esperando a Timoteo y Silas para que ellos regresaran y le trajeran noticias de Tesalónica. Bueno, ellos no llegaron. Así es que Pablo se dirigió a Corinto. Luego de haber estado allí por un tiempo, llegan Timoteo y Tito y le dieron informes en cuanto a esta Iglesia en Tesalónica. Los creyentes de esta Iglesia tenían algunas preguntas que hacer. Entonces, Pablo escribe esta Primera Epístola a los Tesalonicenses para animarles, y para aclarar este tema del arrebatamiento de la Iglesia, porque eso parece ser algo que a ellos les llamó mucho la atención.
La pregunta que surgió mientras Pablo estuvo ausente, fue la siguiente. Algunos de los santos en este intervalo de tiempo, desde que Pablo partió de Tesalónica hasta el momento en que él escribió la epístola, – y que podría haber sido semanas, o quizá meses – pero creemos que probablemente hayan sido varios meses los que pasaron; algunos de los creyentes en Tesalónica murieron. Entonces la pregunta era la siguiente: ¿Qué pasó con éstos que murieron? ¿No estarán en el arrebatamiento?
Queremos decir lo siguiente y es algo importante de notar. Es obvio que Pablo enseñó la inminente venida de Cristo; de otro modo, esta pregunta no hubiera sido algo pertinente. Amigo oyente, Pablo había dicho que el Señor Jesucristo podría regresar en cualquier momento, y estos santos murieron y el Señor no había venido aún. ¿Qué pasa con ellos entonces? ¿Se perdieron el arrebatamiento? ¿No serán arrebatados cuando ocurra el Rapto? ¿Qué ocurrirá con ellos? Pablo, pues, contestó esto en esta Primera Epístola a los Tesalonicenses. Nosotros tenemos esta respuesta. Pero para nosotros, esa ya no es una pregunta muy significante porque usted y yo vivimos dos mil años después de la Primera Epístola a los Tesalonicenses, y en ese intervalo la mayor parte de la Iglesia ya ha pasado a través de las puertas de la muerte. Estamos seguros que una gran compañía de los de la Iglesia ya han muerto. Ellos ya han pasado a través de la muerte, y Pablo nos ha dado la respuesta y nosotros vamos a saber más adelante, el lugar que los muertos tendrán durante el arrebatamiento de la Iglesia.
Confiamos que usted, amigo oyente, pueda observar que esta no sería una pregunta pertinente, a no ser que la venida de Cristo fuera inminente. Y así era. Pablo les había enseñado eso. Y eso es lo que muchos de nosotros creemos hoy; que entre el punto en el cual nos encontramos en este instante hasta la venida de Cristo por Su Iglesia, hay una separación muy, pero muy delgada. Esto significa dos cosas. En primer lugar significa que puede ocurrir en cualquier momento. Podría ocurrir aún antes de que finalicemos este programa, o puede estar por suceder en alguna época en el futuro. Y es muy peligroso hoy el decir que el Señor puede venir e indicar una fecha determinada.
Algunas personas habían dicho que Él vendría al comienzo del milenio. Bueno, ya estamos en el nuevo milenio y no sucedió como ellos dijeron. Hay otros que están diciendo que Él vendrá en el año 2020. Es una lástima que hayan dicho esto, porque no sabemos si vamos a estar aquí en el año 2010 o en el año 2020. Lo que queremos indicar, es que es imposible para nosotros estar buscando una fecha exacta para saber cuándo Él viene. Y la razón, es que Él mismo ha dicho que nadie sabe ni el día ni la hora cuando Él regresará. Quizá puede que acierten con el año, pero estamos seguros que no saben la hora en que Él vendrá. Y no creemos que ellos hayan acertado con el año tampoco. Creemos que esta gente nos roban a usted y a mí la oportunidad de esperar que Él venga. Así es que, aquí tenemos a Pablo contestando la pregunta, de si aquellos que habían muerto ¿habían ya perdido el Rapto de la Iglesia? Cuando pensamos en esto podemos comprender mejor lo que nos dice este pasaje de las Escrituras. En este versículo 13, pues, del capítulo 4, de la Primera epístola a los Tesalonicenses, leemos:
13Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tes. 4:13
Pablo está diciendo: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen. Y nos gusta bastante la forma en que Pablo presenta este punto. Ya lo hemos visto anteriormente. Lo vimos allá en la Primera Epístola a los Corintios, también en la Segunda Epístola a los Corintios. En la Primera Epístola a los Corintios, capítulo 12, usted recuerda que Pablo comenzó diciendo: No quiero, hermanos, que ignoréis. Uno podría decir que los hermanos eran ignorantes. Pablo no lo dice en una forma cruda, como algunos fundamentalistas lo hacen, diciendo: “Usted es un ignorante”. Pablo lo dice de una forma muy diplomática, muy amable. También diremos que lo dice en una forma muy cristiana. Entonces dice aquí en el versículo 13: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis. Lo que indica que eran ignorantes. Pero Pablo lo dice en una forma tan linda aquí.
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis Acerca de los que duermen. Él está hablando aquí de la muerte del cuerpo. Ya veremos eso. Estamos entrando en muchos detalles aquí, no sólo en el día de hoy, sino también en la próxima oportunidad que analicemos este capítulo.
Para que no os entristezcáis como los otros (diríamos “el resto” y no otros) que no tienen esperanza. Y aquí, amigo oyente, el mundo pagano no tenía esperanza, y la muerte para ellos era algo terrible.
En Tesalónica se encontró una inscripción que decía: “Después de la muerte, no hay un revivir; después de la tumba, no se reúne otra vez”. Y uno de los poetas griegos, Teócrito, escribió: “Las esperanzas están entre los vivos; los muertos están sin esperanza alguna”. Y eso es para nosotros algo muy pesimista, ¿no le parece? Es algo fúnebre. No hay ninguna esperanza. Y el mundo antiguo era así; y en el día de hoy, cualquier predicador que tiene la oportunidad de predicar la Palabra de Dios en un funeral, siempre se da cuenta de si la familia era creyente o no. Y la forma en que uno se da cuenta de eso es al ver cómo llora la gente.
Hemos presenciado funerales de personas que no han sido salvos, de una familia donde todos son inconversos. Y amigo oyente, esta gente llora y se lamenta – ¿por qué? – porque no tienen esperanza. Y los creyentes también tienen que llorar, no hay nada malo en eso. Pero el Apóstol Pablo nos dice aquí: no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Los creyentes, amigo oyente, tenemos una esperanza. Y ya vamos a ver eso también.
Ahora, él habla aquí de la muerte como “dormir”, y él está hablando del cuerpo. Alguien nos va a preguntar: “¿Y cómo sabe usted que él está hablando del cuerpo?” Bueno, la palabra que él utiliza aquí es muy interesante, es “koimaomi”. Esta palabra indica que “ellos están acostados durmiendo”. En realidad, el significado clásico en el griego clásico y en el griego Koini se basa en esto, y eso significa “irse a acostar”. Amigo oyente, eso no se puede referir al alma porque ¿cómo se va a acostar un alma?
Usted recuerda que el gran escritor C.S. Lewis ridiculiza a los liberales porque ellos creen que la resurrección es nada más que del espíritu y no del cuerpo. Y de eso hablaremos en nuestro próximo estudio. Este escritor pregunta en una forma bastante sarcástica lo siguiente: ¿En qué posición se encuentra el alma o el espíritu cuando se levanta, o cuando se acuesta en la muerte? (o ¿al morir?) Así es que, si usted me quiere decir a mí, que esto indica que “el alma duerme”, usted tiene que explicarme, en qué posición se coloca el alma, porque aquí la palabra indica “acostarse”. Amigo oyente, sólo puede referirse al cuerpo, porque el cuerpo es lo único que puede acostarse, y es lo único que está allí. Esta es la misma palabra que se usa para indicar el sueño natural, y que siempre se refiere al cuerpo.
Ahora, en el capítulo 22, versículo 45, del evangelio según San Lucas, en el relato en cuanto a lo que ocurrió en el huerto de Getsemaní, leemos: Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza. Usted recuerda que Pedro, Jacobo y Juan se durmieron como dos o tres veces. ¡Imagínese usted, en un momento de crisis, estos hombres se ponen a dormir! Y luego, allá en el libro de los Hechos, capítulo 12, versículo 6, dice: Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. Aquí se nos habla de cuando Pedro había sido arrestado. ¡Imagínese usted, Simón Pedro durmiendo nuevamente en otro momento de crisis! Nosotros sabemos muchas cosas en cuanto a Simón Pedro, y una de estas cosas que sabemos en cuanto a él, es que él no padecía de insomnio. Este hombre podía dormir en cualquier ocasión, y especialmente en un momento de crisis. Y cuando se menciona el dormir aquí, se refiere al cuerpo físico; se refiere al cuerpo y la razón por la cual la muerte del cuerpo se menciona como dormir, es algo muy definido. En la próxima oportunidad, vamos a entrar a hablar de esto.
Si usted tiene algún amigo que cree en esto, que el alma duerme, pues, invítelo a que se reúna con nosotros con la Biblia abierta, para poder ver qué es lo que dice la Palabra de Dios en cuanto a esto, y para poder apreciar lo maravilloso que esto es para los creyentes. Si usted tiene algún amigo o pariente que haya perdido a un ser querido y que era creyente, también queremos invitarles a que ellos nos escuchen en nuestro próximo estudio. ¡Ah, qué esperanza más hermosa la que nosotros los creyentes tenemos hoy!
Y aquí, amigo oyente, vamos a detenernos por hoy. Dios mediante, en nuestro próximo programa, continuaremos este interesante estudio. Y por eso es que deseamos que usted nos sintonice y nos acompañe, mientras recorremos este importantísimo pasaje. Será pues, hasta nuestro próximo estudio, pero antes dejamos con usted estas frases inspiradas: Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Es nuestra ferviente oración que Dios santifique su vida, para alabanza de Su bendito nombre. Hasta pronto y ¡que Dios le bendiga!