Juan 1:1-17

PROGRAMA No. 0262
SAN JUAN
Cap. 1:1-17
Comenzamos hoy a estudiar el capítulo 1 del evangelio según San Juan. Y como decíamos en nuestro programa anterior, hemos dividido este capítulo en dos secciones principales. En primer lugar, el prólogo del evangelio, que se encuentra contenido en los versículos 1 al 18. Y en segundo lugar, la introducción al evangelio, contenida en los versículos 19 al 51. El tema central de este capítulo 1, del evangelio según San Juan, es el Logos, o sea, el Verbo o la Palabra. Leamos, pues, los primeros tres versículos de este capítulo 1, del evangelio según San Juan:
Juan 1:1-3 “. . . fue hecho.”
Jesús es llamado la Palabra, el Verbo, el Logos. Este vocablo “Logos” no puede ser explicado por la filosofía griega, sino por el tetragrama hebreo “Jehová”. ¡Él es el Jehová! ¡Él es el Verbo! ¡Él es la Palabra viviente! ¡Él es el que es! El Verbo o Palabra, es uno de los nombres más altos y más profundos que se le da al Señor Jesucristo. Este no es el Logos de la filosofía griega. Más bien, El es lo equivalente a la palabra Jehová de las Escrituras hebreas; el Verbo de Dios. Y fíjese usted cuán importante es el Verbo en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el nombre para Jehová nunca podía ser pronunciado por los israelitas. Era una palabra tan santa que nunca la usaban. Jesús es el Verbo, y este nombre reúne todo lo que fue dicho acerca de Jehová en el Antiguo Testamento. Ahora, se presenta como el que “era en el principio”.
“En el principio era el Verbo...,” dice el versículo 1. En realidad hay tres principios que se mencionan en las Escrituras. Un principio se encuentra en Génesis capítulo 1, versículo 1, y se remonta hasta la creación del universo físico. No se puede poner fecha a ese evento, y no estamos nada de acuerdo con alguien que trate de ponerle fecha. Es una tontería decir que todo comenzó allá por el año 4004 A.C., como algunos han afirmado. Lo que algunos científicos dicen, sin embargo, es tan tonto como eso. Descubren un hueso por allá en África, y tratan de ponerle fecha, y dicen que data de dos mil millones de años. Permítanos decirle amigo oyente, que eso no lo sabemos de ninguna manera. Lo que nosotros creemos es que la tierra ha estado aquí, por unos trillones o quizás quintillones de quintillones de años. Ha estado aquí por mucho tiempo. Después de todo, tenemos un Dios de la eternidad. ¿Qué cree usted que Dios haya estado haciendo en el pasado? Bueno, opinamos que un gran drama ha tenido lugar en la eternidad pasada, y que ni usted ni yo sabemos nada en cuanto a eso. Creemos que este universo ha estado aquí por mucho tiempo. Y creemos que es una presunción nuestra, pensar que Dios haya esperado la aparición del hombre para crear un universo.
Ahora, lo interesante es que el principio que se menciona aquí, ya queda en el tiempo pasado cuando se menciona. Cuando volvemos a la creación, El ya era. Y, note usted que la palabra usada aquí, no es “es”, sino “era”. “En el principio era el Verbo. . .” En griego, esta palabra está en el pasado imperfecto del verbo, y denota una acción que es continua. Pues, vuelve al principio, a la creación, a dos o tres billones de años, o quizás mucho más antes. El Señor Jesús viene desde la eternidad y El ya es tiempo pasado. “En el principio era el Verbo. . .”; si volvemos a hace billones y trillones de años antes de la creación, Jesús todavía sale desde la eternidad anterior. Por tanto, aquí, tenemos un principio, que en realidad no es un principio. Es un principio al cual no nos es posible ni siquiera comenzar a regresar, ni formarnos una idea de ello. El es el Anciano de días, y Su cabello es tan blanco como la nieve, y ya lo era hace billones y trillones de años. En aquel entonces, ya era.
“En el principio era el Verbo. . .” En el griego original son solamente cinco palabras, y no hay ni un solo hombre en toda la tierra que pueda ponerle fecha, ni comprender o sondear esta frase. Así es que, con esta primera declaración tremenda, comienza nuestro estudio en la infinidad del tiempo y del espacio.
Ahora, la segunda declaración es ésta: “. . . y el Verbo era con Dios. . .” Esta expresión aclara que Jesús es diferente y distinto a Dios el Padre. No se puede identificarlo como Dios el Padre, porque El es con Dios. Pero, alguien dirá que si El es con Dios, entonces, El no es Dios.
Pero, la tercera declaración aclara esto también: “Y el Verbo era Dios” Esta es una declaración clara y enfática, la cual expresa que el Señor Jesucristo es Dios. El hecho es que el griego es aun más específico que esto, porque en el idioma griego, la palabra que lleva importancia se coloca al principio de la oración. En el griego, esta frase se lee así: “Dios era el Verbo”. Y amigo oyente, ¡eso es enfático! No se puede ser más enfático que eso. ¿Cree usted que se pueda negar la deidad de Cristo? Amigo oyente, no le es posible negar la deidad de Cristo. ¡Las primeras tres declaraciones en el evangelio según San Juan lo resumen todo! “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”
Ahora, es verdad que hay algunas sectas que tratan de negar la deidad de Jesucristo, pero para tratar de afirmar tal cosa, han tenido que recurrir a un estratagema realmente diabólico y engañoso: es la estratagema de publicar su propia supuesta “traducción” de la Biblia, en la que presentan su propio punto de vista, en lugar de lo que dice el griego original en este pasaje.
Ahora, fíjese usted también que Jesús es el Creador. Los versículos 2 y 3, dicen: “Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” ¿Se fija usted? Todas las cosas por El fueron hechas. ¡Jesús es el Creador! Ahora, el versículo 4:
Juan 1:4 “. . . de los hombres.”
Ahora, esto no significa simplemente que El estaba vivo, aunque claro es que eso es verdad. ¡Había vida en El! Pero, el hecho es que los hombres necesitan de vida. Todos están muertos en delitos y pecados, según lo que dice la Biblia en Efesios 2:1. Y permítanos citar ese pasaje. Dice allí el apóstol Pablo: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” Lo que los hombres necesitan aun hoy en día, amigo oyente, es la vida. “En él pues, estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”
Jesús es la luz. “. . . y la vida era la luz de los hombres.” Ahora, Jesús es contrastado con Juan el Bautista. Leamos los versículos 6 y 7:
Juan 1:6-7 “. . . todos creyesen por él.”
Juan el Bautista dio testimonio de la luz. El no era la luz, simplemente dio testimonio de ella. Continuemos con los versículos 8 y 9:
Juan 1:8-9 “. . . a este mundo.”
Tenemos aquí una declaración tremenda. Porque la luz viene de la Palabra de Dios. Sin la Palabra de Dios, no hay luz. Cuando los hombres vienen a la Palabra de Dios, entonces, están en la luz. El apóstol Juan, en su primera carta, capítulo 1, versículo 7, dice: “Pero si andamos en luz, como él está en luz. . .” (I Juan 1:7). Ahora, ¿Cuál luz? La luz de la Palabra de Dios. Esta luz “alumbra a todo hombre que viene a este mundo”. Eso es, alumbra a cualquier hombre que venga a la luz. Es simplemente como el sol que brilla sobre cada hombre que sale a la luz del sol. Pero, hay quienes están por allí abajo en sus cuevas, a los cuales la luz del sol no llega. Es necesario venir a la luz. Leamos ahora los versículos 10 y 11:
Juan 1:10-11 “. . . no le recibieron.”
Esta era la tragedia del mundo, y todavía es la tragedia del mundo. El Creador bajó a esta tierra y fue hecho carne. Sin embargo, el mundo no le reconoce y le rechaza.
Hay quienes limitan la declaración que leemos aquí en el versículo 11 que dice: “A lo suyo vino”, diciendo que significa que solo vino a la nación de Israel, a Su propio pueblo. Pero, nosotros creemos que abarca más. Vino a Su propio mundo porque Juan acaba de hablar en cuanto al hecho de que El hizo el mundo. Vino a Su propio mundo y Su mundo no le recibió. Se trata de un rechazo universal de Él. Pero, ¡fíjese lo que dice aquí en los versículos siguientes! Versículos 12 y 13:
Juan 1:12 “. . . mas a todos los que le recibieron.”
Y nosotros damos en realidad, gracias a Dios por esta palabrita “todos”. “Todos” tiene una proyección universal, porque nos incluye a usted y a mí, amigo oyente, “todos los que le recibieron”. Ahora, ¿qué les pasa? A todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, continúa el versículo, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Versículo 13:
Juan 1:13 “. . . Sino de Dios.”
La frase, “los cuales no son engendrados” indica que la vida sólo puede venir por medio de un renacimiento. Viene a aquellos que reciben a Cristo, a los que creen en Su nombre
Veamos estas frases más de cerca: “. . . los cuales no son engendrados de sangre.” Esto significa que este renacimiento, no es una procreación natural. “. . . los cuales no son engendrados. . . ni de voluntad de carne,” significa que uno no puede llegar a ser hijo de Dios mediante sus propios esfuerzos. No se puede mediante algo que uno haga, es decir, las buenas obras.
“. . . los cuales no son engendrados. . . ni de voluntad de varón,” significa que no es por la educación, ni por el entrenamiento que uno tenga.
“. . . los cuales no son engendrados. . . sino de Dios,” significa que usted, amigo oyente, sólo puede llegar a ser hijo de Dios mediante el renacimiento. Y esta es la obra directa del Espíritu de Dios. El Señor Jesús dirá allá en el capítulo 3 de este evangelio, versículo 6:
Juan 3:6 “. . . Espíritu, espíritu es.”
Es pues necesario, ser nacido del Espíritu. Ya nos hemos fijado en cuatro declaraciones que aparecen en los primeros tres versículos de este prólogo, y ahora encontramos tres declaraciones aun más profundas, en el versículo 14. Leamos este versículo 14:
Juan 1:14 “. . . de gracia y de verdad.”
“El Verbo fue hecho carne,” dice aquí. Y deseo que usted mire esa declaración por un momento. El filósofo griego, probablemente estaría de acuerdo con nosotros en todo lo que dijimos sobre el versículo 1. Pero, aquí es donde creemos que no estaría de acuerdo con nosotros. El nunca aceptaría como hecho, de que el Verbo se haya hecho carne. El idioma griego nos permite ponerlo en una forma más específica. Y creemos que en una forma más exacta, también. El Verbo fue nacido carne. Ahora, ¡piense en esto por un momento! Aquí viene Dios desde la eternidad. Ya era el Anciano de días, pero también vino a Belén.
Alguien lo ha expresado de la siguiente manera. “Estaban buscando a un rey para exaltarlo, pero El vino como un bebé que hizo llorar a una mujer.”
Note usted, que el evangelio según San Juan, ni aun menciona Su nacimiento en Belén. Y, ¿sabe por qué es que no lo menciona? Porque está hablando en cuanto a Alguien que es demasiado grande para Belén. Viene desde la eternidad y se hace carne. El Verbo se hizo carne, o nació carne. Por tanto, esta es la historia de la Navidad, aquí en el evangelio según San Juan. Y es importante que veamos esto. Nació carne. Y la única manera en que eso pudo haber ocurrido, en que eso pudo haber tenido lugar, fue mediante el nacimiento virginal. El escritor de la carta a los hebreos, lo expresa así, allá en el capítulo 2, versículo 16 de esa carta: “Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham” (Hebreos 2:16) Participó de carne y sangre para “. . . destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14)
Hay quienes creen que las declaraciones en los versículos 12 y 13, que dice: “los cuales no son engendrados,” no se refieren solamente al renacimiento del creyente, sino también al nacimiento de Jesús mismo. El no fue nacido de sangre. Es decir, no nació de una manera humana, por esfuerzos humanos. Tampoco nació de voluntad de carne, carne humana, ni de voluntad de varón, sino de Dios. “Y aquel Verbo fue hecho carne.” Esta es la historia navideña. Fue nacido carne.
El profeta Isaías, dice en el capítulo 9 de su profecía, versículo 6: “Porque un niño no es nacido, hijo nos es dado” (Isaías 9:6). Un Bebé nació en Belén, pero el Hijo vino desde la eternidad. El Niño fue nacido, pero el Hijo fue dado.
Ahora, la segunda declaración en este versículo 14, del capítulo 1 del evangelio según San Juan, es que “el Verbo. . . habitó entre nosotros.” La palabra “habitó” es la palabra griega “skenos” que tiene el sentido de “acamparse”. La palabra “skenos” significa “tienda”. El apóstol Pablo se sirve de esta misma figura en su segunda carta a los Corintios capítulo 5, versículo 1, donde compara nuestros cuerpos, en los cuales vivimos, con pequeñas tiendas o carpas. Son tan frágiles como una tienda, amigo oyente. El apóstol Pablo dice: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, o sea, esta tienda se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.” Esta pequeña tienda en la cual vivimos puede ser tumbada en una noche por un simple vientecito. Puede ser quitada en un instante. Pero porque usted y yo, amigo oyente, vivimos en estas pequeñas tiendas, el Dios de la eternidad bajó a esta tierra y se hizo carne y habitó entre nosotros. Esa es la segunda gran declaración en este versículo 14, del primer capítulo del evangelio según San Juan.
Tenemos luego, la tercera declaración. Y es: “y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” Aquí hay una nueva declaración. La pregunta que nos hacemos naturalmente es: ¿no se limitó haciéndose carne? Y Juan nos responde: “¡Espere un momento! Fue lleno de gracia y de verdad!” La palabra “lleno” quiere decir que simplemente estaba tan lleno que no podía tener más. Trajo con El toda Su deidad. Cuando vino aquí al mundo, fue lleno de gracia y lleno de verdad. ¡Cuán grande es esta verdad! Leamos ahora los versículos 15 al 17:
Juan 1:15-17 “. . . por medio de Jesucristo.”
Todos hemos tomado gracia de la plenitud de Cristo. El fue lleno de gracia y de verdad. Este es El, de quien hablamos.
Y aquí, amigo oyente, vamos a detenernos por esta ocasión, porque ya nuestro tiempo se ha agotado. Continuaremos considerando este interesante tema aquí en el capítulo 1 del evangelio según San Juan, en nuestro próximo programa. Le invitamos pues, a acompañarnos. Será hasta nuestro próximo programa amigo oyente, que el Señor le bendiga copiosamente.



All scripture quotations in this publication are from the Reina Valera 1960. Los textos Bíblicos en esta obra han sido tomados de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en America Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.